Soñando con Ella

Era una chica del barrio cuya voz la hizo acreedora de un Grammy, vendió millones de álbumes y la convirtió en una sensación como ninguna otra. Y cuando fue asesinada, el 31 de marzo de 1995, la estrella de la música tejana Selena Quintanilla Pérez pareció llevarse consigo las aspiraciones de fans de todo el mundo. Sin embargo, quince años después, su recuerdo vive y es venerado más que nunca. En esta exclusiva historia oral, su familia, compañeros de banda y amigos recuerdan la vida de una estrella que aún nos cautiva.
Fotos de Selena, muchas previamente sin publicar, tomadas por el fotógrafo John Dyer en 1990 y 1992 para las revistas Más y Texas Monthly.

Al momento de su muerte, a la edad de 23 años, Selena Quintanilla Pérez significaba muchas cosas para mucha gente: icono cultural, modelo a seguir, sex symbol. Pero sobre todo, era una mezcla de contradicciones. La Reina de la Música Tejana era una tejana de tercera generación a la que al principio le costaba hablar español, aún cuando sus canciones en este idioma, que había aprendido a cantar de manera fonética, trepaban las listas de éxitos musicales. Era la tercera artista latina con mayores ganancias en los Estados Unidos, pero seguía siendo una chica sencilla incluso después de ganar un premio Grammy. (Su única concesión al estrellato, un Porsche de color rojo, con frecuencia quedaba estacionado un poco más alla de la cerca de alambre enfrente de su casa en Corpus Christi). Su último concierto en el Astrodome batió todos los récords anteriores de público, pero a pesar de eso, para muchos anglos ella era una perfecta desconocida.

Eso cambió la mañana del 31 de marzo de 1995, cuando Selena fue asesinada en un motel de Corpus Christi, de un tiro en la espalda disparado por Yolanda Saldívar, presidenta de su club de fans. La noticia de su muerte fue recibida con la clase de llanto que suele reservarse a los asesinatos políticos. Para los fans de Selena, escribe el etnomusicólogo Manuel Peña, “era como si sus aspiraciones colectivas, encarnadas en esta hermana sensual, pero sencilla, criada en el barrio, habían sido destruidas como la arteria que recibió el balazo que acabó con la vida de la joven diva”. Cuando ese verano se publicó de forma póstuma su primer álbum en inglés, Dreaming of You, se vendieron 175,000 copias en un solo día. Selena se convirtió en una estrella transcultural sólo después de su muerte.

Desde entonces, Selena ha sido canonizada, santificada y resucitada. Han salido una biografía cinematográfica de Hollywood, un musical, y rumores de poner su efigie en una estampilla de correo. En el sur de Texas y en otros lugares, la han elevado de cantante popular a lugares cuasicelestiales: heroína de culto, mártir, santa patrona. Miles de sus fans siguen peregrinando cada año a Corpus Christi, donde el estudio de grabación de su familia—juntamente con su casa, su antigua

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