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Los tejanos queer vemos versiones de nuestras historias reflejadas en la historia de Selena

En los años desde su muerte, se ha convertido en un ícono gay, en especial en Texas.

Selena as Gay Icon
Illustration by Hokyoung Kim
Illustration by Hokyoung Kim
Esta historia es parte de un paquete conmemorativo en honor a Selena, la Reina de la Música Tejana. Read the story in English here.

En una húmeda y cálida noche de la primavera de 2008, en una fiesta en McAllen, conocí al hombre que se convirtió en mi primer novio. Luego de mirarme toda la noche desde el otro lado del salón, finalmente se acercó a mí, se presentó y me preguntó a quién conocía ahí. “Casi a nadie,” le dije. 

“Qué bueno,” me respondió. “Yo tampoco conozco a nadie. ¿Quieres ir a otro lugar?”

“¿A dónde quieres ir?,” le pregunté.

Él alzó los hombros y me dijo: “Vamos a Whataburger.”

La brisa soplaba suavemente a través de las palmas mientras manejábamos. Ordenamos hamburguesas dobles en el servicio de ventanilla de Whataburger, y luego nos acomodamos en el estacionamiento brillantemente alumbrado para comer. Cientos de polillas volaban alrededor de las lámparas, recordándome los juegos de fútbol americano de la preparatoria que solía ver en mi pueblo natal de Harlingen. Al tiempo que comíamos en silencio, nerviosos de mirarnos, él puso en el estéreo del carro el único álbum de Selena que conocía en ese entonces—el quinto, Dreaming of You. Más tarde esa noche, fuimos a su condominio en South Padre Island, supuestamente para caminar en la playa, y sostuve su mano con la mía tarareando por el puente la canción que daba nombre al álbum. Cuando nos besamos por primera vez esa noche, la suave música de fondo era “I’m Getting Used to You.”

No es raro para los queers del sur de Texas tener tiernas y personales historias con Selena. En los años desde su muerte, se ha convertido en un ícono gay, en especial en Texas y especialmente entre los tejanos queer. Sin embargo, ¿cómo es que una testigo de Jehová de Lake Jackson que nunca, hasta donde sé, expresó un apoyo explícito por sus admiradores gay ha venido a ocupar un lugar tan importante en muchas de sus vidas?

Una gran parte de esto surge de la historia de la vida de Selena. Su familia, al igual que muchas familias méxico-estadounidenses del sur de Texas, era culturalmente conservadora. A pesar de que su padre, Abraham, la presionó para entrar al mundo de la música, Selena estuvo estrictamente refrenada por años. Ella y sus hermanos practicaban por horas con la banda de la familia, Selena y Los Dinos, dejándole poco tiempo para interactuar con niños de su edad. Como le dijo en una ocasión al historiador Ramón Hernández, en sus últimos años como adolescente todavía no había salido con un chico ni asistido a un juego de fútbol americano. Bailar con alguien fuera de su círculo era también algo imposible. “No bailo con extraños a menos que le pida permiso a mi papá,” dijo.

Pero conforme Selena cumplió la mayoría de edad, el deseo de Abraham de protegerla del mundo se enfrentó con su creciente independencia. Tal vez a Abraham no le gustaban los provocativos vestuarios que ella misma diseñaba para el escenario, pero fue su secreto romance con su compañero de banda, Chris Pérez, lo que realmente lo enfureció. Cuando descubrió su relación, los obligó a separarse. La historia es bien conocida por los admiradores de Selena, pero lleva un dejo de dolor para los admiradores queer de su música. Entienden el riesgo de ser descubiertos por sus familias, el dolor de no poder tomar la mano de su novio el día de la parrillada o de tener a un novio que se presente con sus familiares como “solo un amigo.” (Selena inmortalizó el concepto del “amor prohibido” en su canción popular del mismo título.) Pero hay inspiración aquí también: después de que Abraham terminó su relación, Selena y Pérez se fugaron, una metáfora para la liberación que tantas personas gais han buscado. Casi parecía estar diciéndonos, “Las cosas mejoran.”

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Selena con su icónica boina en San Antonio, en 1992.

John Dyer/Courtesy Of Heidi Vaughan Fine Art Houston

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Selena, con su compañero de banda y esposo Chris Pérez, en una fiesta después de los Premios de Música Tejana en San Antonio, en 1993.

Al Rendon

 

Y sin duda había aspectos queer en la música y en el estilo de Selena. Los atrevidos movimientos y la desbordante actitud que Selena mostraba en su coreografía, son los sellos de contraste de voguing—un estilo de actuación iniciado en gran parte por los miembros negros y latinos de la comunidad LGBTQ en Nueva York en los ochenta. (Esto no es una sorpresa, dado que una de las heroínas de Selena, Madonna, ya había llevado el voguing a la cultura popular.) En una presentación de 1994 en el programa mañanero mexicano Un Nuevo Día que puede verse en línea, Selena canta “Bidi Bidi Bom Bom” mientras gira y pone una mano en su cadera y asume una pose—un movimiento que nunca hubiera estado fuera de lugar en un club de Manhattan. Hay otro video, de “Si una vez,” en el que alcanza una nota alta y lleva su mano hacia su cara con los ojos completamente abiertos. 

A Selena también le encantaba el disco, un género que en los setenta fue el inseparable compañero de la vida nocturna gay, y que muchos odiaban precisamente debido a esa asociación. (No hay que ver más que la deplorable “Noche de destrucción” de la música disco en 1979 en Chicago.) Este cariño es especialmente aparente en “Is It the Beat?,” una canción que grabó en un álbum para pasar al mercado en inglés y que nunca se materializó. Lanzado póstumamente, primero en la banda sonora de la película Selena y después en la compilación Greatest Hits, la pegajosa melodía brilla con elementos de disco—hubiera quedado perfecta entre “Hot Stuff” de Donna Summer y “Heart of Glass” de Blondie para una noche de los setenta en el bar. En un álbum a beneficio de AIDS Project Los Angeles, Selena grabó una versión lista para los centros nocturnos de “A Boy Like That,” una canción que habla de enamorarse del chico incorrecto que se originó en West Side Story, una obra de teatro musical creada por cuatro hombres gay que por mucho tiempo ha sido vista como un trabajo gay subliminal.

Pero no solo es la música de Selena la que ha resonado con los admiradores queer. Una generación completa de personas queer que nacieron después de la era de Selena conocen sus vestuarios de memoria: el famoso vestido blanco que usó en la entrega de los Grammys y en el video de “No me queda más,” la boina levantada que ha sido imitada por reinas del drag. El que más sobresale para mí es el jumpsuit morado que usó para su último concierto televisado, que está en exhibición en el Museo de Selena en Corpus Christi. Su brillante vestuario era tan divertido como deslumbrante; yo quería ponerme uno igual.

Selena as Gay Icon
Illustration by Hokyoung Kim

Cuando todavía estábamos conociéndonos, le conté a mi primer novio sobre el maravilloso momento en el que conocí a Selena, en 1994 en Rio Fest en Harlingen. En su encuentro con los fanes ese día, mi pequeño corazón gay saltó de gusto al ver su enorme sonrisa bajo la gorra bordada que llevaba su nombre. Me dio un abrazo y me preguntó qué quería ser de grande. (Yo, a los diez años: “astrónomo.”) Desde entonces fui un dedicado fan. Tomé prestadas las cintas de audio de mis primas y miraba un programa de televisión local, Puro Tejano, en el que a menudo ella cantaba y bailaba. Mi prima mayor se arreglaba el cabello y se ponía todo el maquillaje posible para poder parecerse a Selena. Mi prima menor me prestó “Entre a mi mundo,” y me pasé meses tocando la cinta una y otra vez, impresionado por el ágil sonido del teclado de las canciones tejanas de Selena. Me determiné a aprender a bailar la cumbia por mí mismo.

Eventualmente le enseñé a mi primer novio cómo bailar la cumbia, descalzos, en la primera casa que compartimos, en un desolado espacio de asfalto con vistas a la playa de arena de South Padre Island. Durante ocho años, estuve enamorado de aquel atlético y bronceado chico de la playa, quien entendió que para amarme, tenía que amar a Selena también. Nuestra experiencia de amor queer empezó con Dreaming of You y evolucionó al tiempo que absorbíamos sus otros álbumes juntos. Al igual que muchos tejanos queer, vimos versiones de nuestras historias reflejadas en la suya: brillantemente transfigurados, libres para amar al máximo y motivados para cruzar el río de nuestras propias dudas.

Originario de Harlingen, Joe Galván es un escritor, artista y antropólogo que vive en Portland, Oregón.

Este artículo apareció originalmente en la publicación de abril de 2021 del Texas Monthly con el encabezado “Selena, ícono gay.” Fue traducido al español para esta edición digital por Elena Vega. Suscríbete hoy.